Hay una acción que debes hacer inmediatamente cuando aparece.
Si aparece el testigo de temperatura del auto, no es momento de seguir manejando. Vas conduciendo y de repente aparece en el tablero un testigo rojo con forma de termómetro. Tal vez el auto todavía funciona normalmente y puedes pensar que puedes llegar a tu destino antes de detenerte.
Es una muy mala idea.
El testigo de temperatura del auto generalmente advierte que el motor está alcanzando una temperatura demasiado elevada o que existe un problema en el sistema de refrigeración. Continuar circulando puede provocar daños importantes en cuestión de minutos.
¿Qué está pasando dentro del motor?

El motor genera una enorme cantidad de calor mientras funciona. Para mantenerlo dentro de una temperatura segura existe todo un sistema encargado de extraer ese calor: refrigerante, radiador, bomba de agua, termostato, ventiladores y diferentes conductos.
Cuando algo falla, la temperatura puede comenzar a subir.
Puede ser por falta de refrigerante, una fuga, una falla del ventilador, un termostato defectuoso, problemas con la bomba de agua o incluso una falla más grave del propio motor.
El problema es que desde el asiento del conductor muchas veces no puedes saber cuál de ellas está ocurriendo.
Por eso el testigo rojo debe tomarse como una advertencia seria.
¿Qué pasa si decides seguir manejando?
Aquí es donde una falla relativamente sencilla puede convertirse en un problema mucho más caro.
Si el motor continúa trabajando a una temperatura excesiva, algunas piezas pueden deformarse debido al calor. En casos graves puede dañarse la junta de la culata, deformarse la propia culata o incluso producirse daños internos en el motor.
Y hay otra razón para no ignorarlo: si existe una fuga importante de refrigerante, el motor puede quedarse prácticamente sin capacidad para disipar el calor.
En ese punto, continuar manejando no significa simplemente “hacer que el auto se caliente un poco más”.
Puedes terminar dañando el motor.
¿Qué debes hacer cuando se enciende?

Lo primero es buscar un lugar seguro para detenerte.
Si estás en una vía rápida, no frenes de golpe en un lugar peligroso. Busca una zona donde puedas detener el vehículo con seguridad y enciende las luces de emergencia.
Una vez detenido, apaga el motor.
Y aquí viene algo importante:
no abras inmediatamente la tapa del depósito de refrigerante ni la del radiador.
El sistema puede estar presurizado y el refrigerante puede encontrarse a una temperatura extremadamente alta. Abrirlo en ese momento puede provocar quemaduras graves.
Es mejor esperar a que el motor se enfríe antes de revisar el nivel de refrigerante.
¿Y si el testigo se apaga?
Tampoco significa necesariamente que el problema desapareció.
Puede ocurrir que la temperatura baje después de detenerte, pero la causa de la falla permanezca.
Por ejemplo, una fuga de refrigerante no se arregla porque el motor haya vuelto temporalmente a una temperatura normal.
Si el testigo volvió a aparecer, lo más prudente es no continuar el trayecto y solicitar asistencia.
¿Puedes agregar refrigerante y continuar?
Depende de la situación.
Si el motor ya está completamente frío y detectas que el nivel de refrigerante está bajo, puedes rellenarlo con el producto especificado por el fabricante. Pero hacerlo no sustituye encontrar la causa de la pérdida.
Si el depósito está vacío, existe una fuga visible, hay vapor saliendo del compartimento del motor o el nivel vuelve a bajar rápidamente, lo mejor es no conducir.
Y nunca debes echar agua fría directamente sobre un motor extremadamente caliente.
Una señal que no debes ignorar
El indicador de temperatura también puede subir aunque el testigo todavía no haya aparecido.
Si notas que la aguja se acerca a la zona roja, aparece un mensaje de sobrecalentamiento, sale vapor del cofre o percibes un olor extraño a refrigerante, detente en cuanto sea seguro hacerlo.
Esperar a que el motor “aguante un poco más” puede salir muy caro.
¿Cuánto puede costar ignorarlo?
No existe una cifra universal porque depende del vehículo y de la falla.
Una fuga, un termostato o un ventilador pueden ser reparaciones relativamente manejables. Pero si el sobrecalentamiento termina dañando componentes internos del motor, la factura puede multiplicarse considerablemente.
Por eso, ante un testigo rojo de temperatura, la decisión más barata suele ser también la más sencilla: detenerte antes de que el problema empeore.








