Taxis Nueva España

Antes de la guerra de independencia, las carretas y carruajes fungían como el medio de transporte más importante en la Nueva España.

 

No obstante, durante el año 1793 se empezó a dar un fenómeno bastante inusitado, el servicio de coches de alquiler o los llamados taxis novohispanos en la Nueva España.

El virrey Revillagigedo inauguró este servicio de taxis en la Ciudad de México, los llamados coches de providencia.

Se trataban de ocho carruajes cerrados en color verde con amarillo y numerados, los cuales eran tirados por un par de caballos.

A propósito del grito y/0 guerra de independencia, en este 15 / 16 de septiembre los recordamos.

 

Así eran los ‘coches’ o taxis de alquiler en la Nueva España

Taxis Nueva España

Sus ruedas eran rojas, con un medallón en la parte trasera en el que se inscribía el número, y en la ventana de la parte delantera había un farol que se encendía después de la oración nocturna.

Estos coches en la Nueva España incluían un reloj para saber la hora en que se tomaba o se dejaba el taxi.

El operador (o cochero), iba vestido con una capa y pantalones azules y torretas rojas.

Tampoco es que a los ‘coches’ se les pudiera hacer la ‘parada’ en el lugar que fuera.

De hecho, sólo se podían abordar en la plaza de Santo Domingo, en el portal de Mercaderes (hoy Zócalo) y en la calle del Arzobispado (calle de Moneda).

Su servicio era de las 7:00 a las 21:00 horas, con un descanso de tres horas para comer y descansar.

La capacidad de los coches era para cuatro pasajeros y no se permitía que los abordaran personas “indecentes”, con ropa sucia o enfermos.

El “banderazo” era de dos reales y dos más por cada media hora, y los pasajeros debían cerciorarse de no dejar sus pertenencias antes de descender.

Para principios del siglo XIX, la flota ascendía ya a 30 unidades, pero cerrados, sin cortinas, persianas o barras para cubrir a las personas que estaban dentro.

El 30 de abril de 1813, el virrey Félix María Calleja publicó un bando donde se establecía un reglamento que pudiera regir su funcionamiento, donde destacaba la ‘profesionalización’ de los operadores.

 

 

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