Pablo

El 29 de enero del 2001, el mejor futbolista de la liga en México murió a bordo de su lujoso Lincoln Town Car. Conoce su historia.

Tras recibir una dura barrida de un defensor rival, Pablo Hernán se levantó de inmediato y de pierna derecha colocó un centro certero que su compañero Pedro Pineda remató con la cabeza.

Era el 1-0 con que el Pachuca se ponía al frente sobre el Irapuato durante la calurosa tarde del domingo 28 de enero de 2001.

Con el número 20 en el dorsal y su clásico look a rape, Gómez ‘volaba’ en la cancha, su rapidez y habilidad hacían prácticamente imposible detenerlo.

Diez minutos antes de la finalización del cotejo, el delantero fue relevado de la cancha y una carretada de aplausos inundó el estadio Hidalgo; la afición entera se rendía a sus pies. Ese sería el último partido de su vida.

Pablo Hernán Gómez nació el 20 de diciembre de 1977 en Mendoza, una enorme ciudad industrial al oeste de Argentina.

Luego de debutar en su país natal y de pasar por varios clubes en México, fue traspasado al club Pachuca en 1999 a solicitud expresa de su compatriota Andrés Fassi, quien fungía como director deportivo del club hidalguense.

‘Pablito’, como le decían sus compañeros, se ganó el corazón de la afición tuza tras ser el principal artífice del título en el torneo de Invierno 1999. A partir de ese momento se convirtió en el máximo ídolo del equipo.

 

Trágico día a bordo del Lincoln

Lincoln
Lincoln Town Car.

 

Al término de aquel partido frente al Irapuato, Pablo Hernán le pidió permiso a Javier Aguirre, DT del Pachuca en ese momento, para ausentarse al día siguiente ya que deseaba ir a San Luis a visitar al hermano de su esposa.

En primera instancia, Aguirre no aceptó el pedido ya que deseaba que éste descansara y estuviera al 100% para el partido que el equipo sostendría el miércoles siguiente frente a Monterrey.

Ante la insistencia del argentino, Aguirre accedió.

Ese lunes 29 de enero, Pablo Hernán Gómez viajó rumbo a San Luis junto con su esposa Mónica González y sus dos hijos pequeños, Pablo Leandro y Paula Micaela, a bordo de su lujoso sedán Lincoln Town Car.

De regreso por la carretera Portezuelo-Huichapan a la altura de la curva La Manga, Pablo perdió el control del vehículo a una velocidad de 170 km/h, provocando que se saliera de la ruta y volcara cerca de cuatro metros.

Ambos adultos salieron disparados del auto y perdieron la vida instantáneamente mientras que, por increíble que parezca, sus dos hijos pequeños sobrevivieron sin lesiones de gravedad. Ninguno de los cuatro portaba cinturón de seguridad.

El exceso de velocidad al tomar la curva propició la tragedia. Por las características del Lincoln, la transferencia de pesos recaía en el eje trasero, esto provocó que el coche perdiera tracción y se saliera del camino.

La noticia de su deceso conmocionó al medio futbolístico. Jugadores, afición y directivos del Pachuca le rindieron un emotivo homenaje en el estadio Hidalgo bajo el lema: “Los ángeles hoy juegan futbol”.

La gente abarrotó las calles de la capital hidalguense y acompañó por más de ocho kilómetros a la carroza fúnebre con el cuerpo de Gómez hasta su incineración. Desde ese día, el número 20 fue retirado del equipo.

 

Autos y velocidad, la pasión de Pablo

Pablo-

Los ‘caprichos’ de Pablo.

 

El futbolista murió como vivió: a toda velocidad. Testimonios de su familia así lo relatan. “Pablo vivió y murió intensamente, su carrera futbolística fue rapidísima, seis meses en cada club”, asegura Gladys Manzarella, madre de Pablo Hernán, en una entrevista que le realizó la revista Proceso días después de la tragedia.

En el mismo medio impreso aparecen unas declaraciones de su ex entrenador Javier Aguirre, donde asegura que Gómez era un ferviente seguidor de los autos deportivos. “En el tiempo que lo conocí le vi como 18 coches, era un torbellino”.

La rapidez en la cancha la trasladó a los autos. Al argentino le encantaba la velocidad y sus propios compañeros le pedían que tomara más precauciones.

De acuerdo con el testimonio de Aguirre, aquel modelo Lincoln Town Car tenía un valor de 45,000 dólares y el propio entrenador le recomendó no comprárselo puesto que el futbolista ya tenía otros dos autos en su cochera.

El delantero le respondió: “Cómo crees que voy a comprarlo, no tengo dinero”.

Aquel Lincoln era un derroche de lujo con elementos de diseño de madera en la cabina.

El panel de control del asiento y los espejos se integraban en la puerta, mientras que bajo el cofre presumía un motor V8 de 4.6 litros con una potencia superior a los 220 caballos.

Basado en el afamado Lincoln Continental, el Town Car de Gómez era modelo reciente y pertenecía a la tercera generación que apareció a finales de los años noventa.

La sofisticación de esa generación cobró relevancia años atrás con la versión en limusina, la cual sirvió para trasladar al presidente de los Estados Unidos George H. W. Bush (padre), durante su mandato.

 

El legado del ex futbolista

El pasado 15 de marzo de 2019 se disputó un partido entre Puebla y Pumas en el estadio Cuauhtémoc.

El equipo poblano hizo su primer cambio al minuto 67, el elegido fue un joven de baja estatura, rapado y con el número 20 en el dorsal. El sonido local anunció: “Entra Pablo Leandro Gómez”.

El hijo de Pablo y Mónica debutó en primera división 18 años después del trágico accidente. El legado de Pablo Hernán Gómez se extenderá para siempre.

 

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