Suzuki Ignis

De repente llegó al “GarageManía” –algo así como nuestra ‘baticueva’– un pequeño japonés llamado Suzuki Ignis; el cual resultó ser una de esas aventuras geniales que no imaginarías nunca.

 

Para entrar de lleno… Suzuki Ignis es una cosa rara, sí, hay que decir las cosas como son; es un coche que no luce como hatchback y obviamente tampoco es un sedán, ni un crossover; ¡no tiene rival! y eso es lo que hace a este denominado “NanoSUV” algo diferente, pero creánme loco.

 

¿Qué es un “NanoSUV”? Según el diccionario, la palabra nano es el elemento prefijal de origen griego que entra en la formación de nombres y adjetivos con el significado “muy pequeño”; o en caso de numeración, es la milmillonésima parte de una unidad (nanosegundo).

 

Osea, si no les quedó muy claro, Ignis es la milmillonésima parte de un SUV, o bueno, eso entendí; y si, tienes el espacio para meter cinco garrafones de 20 litros en la cajuela y todavía cabe un poco de bolsas de mandado sin problema, y sin usar los asientos traseros.

 

Este semi-dios del camino, me demostró todos los días que su corazón de 1.2 litros con 82 caballos de potencia y 83 libras pie de torque, NO tenía rival; es más, me recordó al gran levantador de pesas olímpico, Naim Süleymanoğlu; aquel apodado “Hércules de bolsillo” que conquistó el mundo con sus hazañas.

 

Si no conocen de quién hablo, échenle ojo al “interweb” y verán el porqué mi comparación; ese chaparrito turco de 1.47m de estatura (más bajito que los 1.59 que tiene Ignis) cargó durante tres Juegos Olímpicos y dos mundiales a Turquía; logrando tres medallas de oro en tres justas consecutivas a pesar de que todos se burlaban de tamaño.

 

Así fue cómo vi al Suzuki Ignis, aquel que se ve pequeño, raro, diferente, pero que llama la atención y puede cargar el peso de una familia sobre su toldo. El nanoSUV con mucho esfuerzo y potencia tardaba un poco en moverse de manera agresiva, pero ya que comenzaba, no había qué lo frenara.

Suzuki Ignis es todo un guerrero, ahora les digo por qué...

Tal como Süleymanoğlu, el esfuerzo era excelente para arrancar –aunque pareciera que estaba por explotar–, demostraba que no había subidas ni peso que frenara el levantamiento y lo mejor, sin perder la compostura.

 

Esa compostura comprobada a 140 km/hr donde la altura de un auto tan compacto podría verse afectada; este japonés demostró que no se marea por el esfuerzo, la velocidad o cualquier curvita que pudiese enfrentar; así logrando aventuras épicas como aquellos periplos de la mitología griega.

 

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Su interior es perfecto, sin lujos, pero muy funcional; sus instrumentos finos y capaces de dar lo necesario; el sistema de infoentretenimiento no le pide nada a los gigantes, su pantalla de 7” con el suficiente espacio y tecnología para viajes placenteros escuchando odas griegas.

 

Simplemente una maravilla con todo eléctrico en su interior, controles al volante, compatible para Apple CarPlay y Android Auto; o sea, no le falta nada que tenga la competencia para estos tiempos modernos y neoliberales.

 

Creo que no les he dicho lo mejor de todo… el rendimiento mixto llega casi a los 22 litros por kilómetro en un tanque de 32 litrotes; una gozada para esos viajes largos y claro, el tráfico de una urbe de hierro como la nuestra.

 

Como pueden leer, me gustó de sobremanera el que para mí ya es, el “Hércules de bolsillo” y no Ignis. Ya sé, me van a regañar, pero en serio, es un gran auto que sin duda alguna deben probar; pidan su prueba de manejo y verán que no miento. Dense la oportunidad de manejar a este semi-dios del camino, del cual, seguro también se enamorarán.

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