Especialistas señalan que el cumplimiento de la NOM 194 será clave para generar confianza.
La conversación sobre Olinia NOM 194 apenas comienza. Mientras el gobierno federal presume el desarrollo de un vehículo eléctrico mexicano de bajo costo, una de las preguntas más importantes sigue sin respuesta clara: ¿cómo cumplirá con los estándares mínimos de seguridad que actualmente deben respetar los autos nuevos comercializados en el país?
Y no se trata de un detalle menor. La confianza del consumidor en cualquier vehículo comienza precisamente por la seguridad.
La norma que todos los autos deben cumplir

Actualmente, la NOM-194 establece diversos requisitos de seguridad para los vehículos ligeros comercializados en México.
Entre ellos se encuentran elementos como frenos ABS, control electrónico de estabilidad, monitoreo de presión de neumáticos, bolsas de aire y pruebas de impacto, equipamiento que durante los últimos años se ha convertido en parte fundamental de los estándares mínimos de la industria.
Por ello, uno de los principales cuestionamientos que surgieron tras la presentación de Olinia es si el proyecto cumplirá completamente con estas exigencias o si requerirá algún esquema regulatorio específico debido a su planteamiento como vehículo urbano de bajas velocidades.
Un vehículo pensado para la ciudad

Lo que sí se conoce hasta ahora es que Olinia fue concebido para recorridos urbanos.
Su velocidad máxima anunciada ronda los 50 km/h, una cifra que deja claro que no busca competir contra los automóviles tradicionales utilizados en carretera.
Además, incorpora una batería de litio-ferrofosfato, tecnología reconocida por ofrecer una mayor estabilidad térmica y menor riesgo de sobrecalentamiento frente a otras alternativas utilizadas en el mercado.
También se ha hablado de cámaras de reversa, iluminación LED, protección contra encharcamientos y una cabina cerrada diseñada para transportar hasta seis pasajeros, incluyendo configuraciones adaptadas para personas con movilidad reducida.
Sin embargo, para muchos consumidores estos atributos tecnológicos no sustituyen la necesidad de conocer con precisión el nivel de protección que ofrecerá el vehículo en caso de un accidente.
El verdadero reto no es fabricar el auto
La historia de la industria automotriz demuestra que desarrollar un vehículo es apenas el primer paso.
Marcas con décadas de experiencia siguen enfrentando desafíos relacionados con servicio postventa, disponibilidad de refacciones, garantías y atención a clientes.
En el caso de Olinia, las dudas van más allá de la ingeniería del producto.
¿Cómo será su red de distribución? ¿Dónde se realizarán las reparaciones? ¿Existirá inventario suficiente de piezas? ¿Qué ocurrirá con las garantías? ¿Quién atenderá los servicios de mantenimiento? Son preguntas que cualquier comprador se haría antes de invertir su dinero.
Otro punto que podría convertirse en un obstáculo es la recarga. Aunque Olinia podrá conectarse a una toma doméstica convencional, México todavía enfrenta importantes desafíos en materia de infraestructura para vehículos eléctricos.
La expansión de estaciones de carga avanza, pero todavía está lejos de alcanzar la cobertura que existe en mercados más maduros.
Esto significa que la experiencia de uso dependerá en gran medida de la capacidad del usuario para cargar el vehículo en casa o en lugares específicos.
Olinia necesita algo más que un precio atractivo

El proyecto tiene potencial para abrir una nueva conversación sobre movilidad eléctrica accesible en México. Sin embargo, el éxito no dependerá únicamente de ofrecer un precio bajo.
La confianza del consumidor se construye con seguridad, respaldo técnico, disponibilidad de refacciones y una red de atención eficiente.
Por ahora, la gran pregunta sigue sobre la mesa: ¿Olinia cumplirá plenamente con la NOM 194 o veremos un esquema especial para permitir su circulación en México?
¿Qué es más importante para ti al comprar un auto: el precio o la certeza de que cumple con todos los estándares de seguridad?








