La década de los ochenta es recordada por muchas cosas (música, terremotos, etc), pero existe un personaje sobre ruedas por demás revelador con la numeralia 100 en sus espaldas.

 

 

En esa década, el gobierno capitalino revocó las concesiones a los particulares en el servicio de transporte público de pasajeros en autobús (hola Ruta 100).

De acuerdo con El Mirador de la SICT, la decisión fue tomada debido a sus malas prácticas y abusos cometidos en los últimos años.

Ante ello, por decreto presidencial se constituyó el 25 de septiembre de 1981 el organismo público descentralizado Autotransportes Urbanos de Pasajeros (Ruta 100).

El objetivo principal fue tomar el mando de este importante servicio público con los más de siete mil autobuses (dos mil circulando) que poseían las diversas compañías camioneras.

 

 

Ruta 100, un proyecto ambicioso

Todos los camiones de pasajeros existentes en 1983 fueron pintados en color amarillo con franjas café.

En su carrocería apareció el logotipo de la Ruta 100: la cifra cobijada o cubierta por una gran letra R.

Datos de la SICT refieren que poco después se adquirieron nuevas unidades a la empresa MASA SOMEX de fabricación nacional.

En una etapa posterior fueron compradas 1,010 unidades más, entre ellas 170 autobuses articulados.

Otros colores empleados en las unidades fueron el gris en la carrocería combinado con dos franjas en tono azul y una verde al centro.

Estos simbolizaban el empleo de motores ecológicos que emitían gases menos contaminantes.

 

 

Años 90s, su caída

Ruta 100

Durante los años venideros, los modelos de la Ruta 100 con nuevos tonos (gris) aparecieron en la década de los años noventa.

La Ruta 100, a decir de investigadores en la materia, desarrolló uno de los mejores proyectos de movilidad que haya experimentado la ciudad capital en el breve lapso de poco más de una década,

De hecho, propició la “época de oro del servicio público de transporte”.

Sin embargo, graves problemas administrativos, económicos y laborales la llevaron a la quiebra (1995).

La ciudad entonces impulsó una nueva forma de transporte representada por combis y microbuses, vehículos que hoy predominan en la capital.

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