El argumento de la administración estadounidense es que depender de compañías chinas en áreas estratégicas, especialmente baterías, puede representar un riesgo para la seguridad nacional.
Ford acaba de meterse en una nueva disputa con el gobierno de Donald Trump, y esta vez el problema no tiene que ver con ventas, aranceles o producción: Washington está cuestionando directamente los negocios que la automotriz mantiene con empresas chinas.
De acuerdo con Reuters, el secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, envió una carta al CEO de Ford, Jim Farley, para expresar su preocupación por los vínculos de la compañía con CATL, Geely y BYD y pedirle que reduzca esas relaciones.
El problema más grande está en las baterías

Uno de los principales puntos señalados por el gobierno estadounidense es CATL, uno de los mayores fabricantes de baterías para vehículos eléctricos a nivel mundial.
Ford utiliza tecnología licenciada de CATL en una planta de baterías que tiene en Marshall, Michigan.
Y aquí aparece una de las contradicciones que Washington está poniendo sobre la mesa: la batería se fabrica en Estados Unidos, pero la tecnología detrás de ella proviene de una empresa china.
Duffy cuestionó precisamente esa dependencia y recordó que CATL aparece en una lista del Pentágono de compañías señaladas por sus presuntos vínculos con el ejército chino.
Ford, por su parte, respondió que la postura del funcionario es equivocada y que la compañía está precisamente invirtiendo para fabricar baterías dentro de Estados Unidos.
La automotriz también defendió su operación asegurando que Ford es propietaria de la planta, controla sus operaciones y emplea a los trabajadores.
Ford también sigue dependiendo de China para fabricar un Lincoln

El otro frente tiene que ver directamente con la producción de vehículos.
La administración Trump cuestionó que Ford no tenga previsto trasladar a Estados Unidos la producción del Lincoln Nautilus que actualmente se fabrica en China sino hasta 2030.
Eso significa que, al menos bajo los planes actuales, Ford seguirá dependiendo de la manufactura china durante varios años para uno de sus modelos.
Para Washington, esto choca con la intención de reducir la dependencia de China en sectores estratégicos.
Y no es un detalle menor: el gobierno estadounidense está endureciendo su postura hacia los fabricantes chinos justo cuando el Congreso analiza nuevas restricciones para impedir que vehículos de compañías como BYD puedan comercializarse en Estados Unidos.
¿Y qué pintan Geely y BYD en todo esto?
La preocupación de Washington no se limita a las baterías.
Duffy también cuestionó la relación de Ford con Geely, fabricante chino que tiene presencia global y que incluso ha sido mencionado como parte de posibles colaboraciones dentro de la industria automotriz.
Además, señaló las relaciones de Ford con BYD, otro de los gigantes chinos del sector.
El tema es especialmente sensible porque Ford había planteado anteriormente la posibilidad de facilitar empresas conjuntas entre fabricantes estadounidenses y chinos dentro de Estados Unidos.
Esa idea tampoco cayó bien en Washington.
El gobierno de Trump considera que permitir una mayor participación de compañías chinas en la industria estadounidense podría terminar aumentando la dependencia tecnológica y productiva de China en lugar de reducirla.
Ford no quiere cortar esos vínculos

Por ahora, la respuesta de Ford deja claro que no está aceptando la presión de Washington sin cuestionarla.
La compañía defendió su estrategia y señaló que está invirtiendo para producir baterías en Estados Unidos, en lugar de limitarse a importar baterías fabricadas en China.
La discusión, entonces, va mucho más allá de una planta o de un modelo.
Estados Unidos quiere que las automotrices produzcan cada vez más dentro del país y reduzcan su dependencia de China, mientras que Ford está intentando aprovechar tecnología y cadenas de suministro que pueden hacer más competitivos sus vehículos eléctricos.
Y ahí está el choque.
La pelea llega en un momento complicado para los autos chinos
La presión contra Ford ocurre mientras Estados Unidos analiza nuevas medidas contra los fabricantes chinos.
De acuerdo con Reuters, varios de los principales fabricantes de automóviles que operan en Estados Unidos han pedido al Congreso aprobar antes de que termine el año una prohibición más estricta para los vehículos chinos y, específicamente, impedir que compañías como BYD puedan obtener excepciones para vender sus autos en el país.
El asunto también llega justo antes de una nueva reunión prevista entre Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping, lo que convierte a la industria automotriz en una pieza más de la disputa económica y tecnológica entre ambos países.
Para Ford, el problema es especialmente delicado porque la compañía está intentando acelerar su negocio de vehículos eléctricos al mismo tiempo que Washington quiere reducir cualquier dependencia estratégica de China.
La pregunta ahora es hasta dónde llegará la presión del gobierno estadounidense y si Ford terminará modificando sus acuerdos con CATL, Geely y BYD.
¿Crees que Ford debería cortar sus relaciones con empresas chinas o sería un error renunciar a esa tecnología?








