Un Pontiac y un helado

“Mi Pontiac no funciona cuando me compró un helado de vainilla”.

Sí, ya sabemos que esto suena totalmente absurdo, pero esas fueron las palabras que utilizó un hombre en una carta dirigida a la compañía norteamericana hace algunos años.

De acuerdo con el conductor del Pontiac (la historia no especifica qué modelo es exactamente), en su familia se tenía la tradición de comer un helado después de cenar y el encargado de ir a comprarlo era él mismo.

El hombre acudía a la heladería a bordo de su Pontiac. Según su relato, el problema radicaba cuando compraba un helado de vainilla ya que su auto misteriosamente no arrancaba.

Esto no pasaba con los demás sabores, ya que el coche encendía sin problemas al adquirir alguno de fresa o piña.

Esta era la segunda ocasión en que el dueño del auto mandaba una queja a la compañía.

 

El extraño caso del Pontiac

Un Pontiac y un helado
Un Pontiac y un helado

 

Por lo absurdo de sus declaraciones, los trabajadores hacían caso omiso a su petición, aunque esto no evitó que uno de los empleados les mandara una copia a los altos ejecutivos de General Motors, la casa matriz de Pontiac.

A pesar de lo inverosímil de la carta, el presidente de la compañía envió a un ingeniero para que revisara el auto.

El hombre explicó lo sucedido y el trabajador lo acompañó a la tienda, ahí compró el helado de vainilla y el auto no encendió.

Otro ingeniero contactó al hombre días después y lo acompañó a la misma tienda, pero le pidió que comprara un helado de otro sabor.

¿El resultado? El coche prendió sin problemas. El especialista hizo pruebas para entender el origen del inaudito caso.

Después de una minuciosa evaluación, el ingeniero se percató que el hombre pasaba menos tiempo en la tienda cuando compraba el helado de vainilla, ya que éste se encontraba más cerca del mostrador.

En ese menor tiempo, el motor no alcanzaba a enfriarse y los vapores del combustible no se disipaban, lo que impedía su arranque instantáneo.

A partir de ello, trasciende que Pontiac cambió el sistema de alimentación de combustible en sus nuevos modelos.

Al final, el hombre recibió un nuevo auto y General Motors envió un comunicado interno a todos sus trabajadores para que, en adelante, tomaran en cuenta todas y cada una de las peticiones o quejas de sus compradores.

 

¿Mito o realidad?

La historia se conoció a finales de los años noventa (por eso trasciende que el auto era 1999) y ha sido retomada por sitios web de marketing y de superación personal.

No obstante, el relato original apareció en la revista estadounidense Automotive Engineering en 1978, aunque no existen pruebas contundentes sobre si la historia publicada era real.

Lo poco creíble de los hechos se sustenta en que difícilmente un coche se puede enfriar durante el tiempo que un dueño se baja a comprar un helado, por lo tanto, todos los coches habrían sufrido el mismo desperfecto.

De hecho, fue en los años 70 donde se dieron grandes avances en mecanismos de alimentación de combustible.

Por ejemplo, surgió la inyección electrónica L-Jetronic, en la cual se suministra gasolina en el colector de admisión a intervalos regulares.

Desde que el supuesto relato se dio a conocer, GM no se pronunció de manera oficial para desmentirlo o confirmarlo.

La historia ha sido utilizada por diversos especialistas en publicidad y por conferencistas en todo el mundo para concientizar a las compañías sobre la importancia de escuchar a sus clientes.

Todo esto suena más a una leyenda urbana que a una realidad consumada ¿tú qué opinas?

 

 

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